martes, 8 de diciembre de 2009

Cuando la palabra le infunde a un vicioso más miedo que el hecho.

¿No es odioso que, en estos últimos años, una mayor cantidad de delincuentes salga a robar tan sólo con el chamuyo?

Trabajo los fines de semana en un negocio, un kioskito ubicado en algún lugar de Buenos Aires (para ser más precisos... en Capital).
Es sábado a la noche y estoy a punto de salir del negocio. No tengo ganas de absolutamente nada, salvo de irme a casa a comer y después a dormir (y cuando digo dormir, quiero decir viciar con la PC, lo único bueno que sé hacer). Atiendo a un par de personas, que me piden cigarrillos sueltos, les vendo y me voy a barrer y hacer un par de cosas unos pocos minutos antes de que llegue el dueño. Esto no es algo común para mí, nunca ordeno las cosas faltando poco para que llegue mi empleador, directamente apelo a mi fiaca y no ordeno.
Estoy por terminar de barrer, me falta levantar una tarima, donde se junta mucha mugre, para poder barrer. En eso entran dos personas al negocio. La primera es una mujer, acusando unos 50 años (igual, las mujeres vienen muy hechas bosta últimamente, por lo que debe tener unos 26 años), a quien conozco de cara, es del barrio y, me contó, tiene un trabajo muy bien remunerado; el segundo, un tilingo de altura media alta (más alto que yo es, no hace falta hacer mucho esfuerzo para serlo) con una cara muy del estilo Gheorghie Muresan, pero no era tan alto ("Gogleen" la película de Billy Cristal, "Mi gigante"). El flaco pide usar el teléfono público y le doy la ficha para usarlo (nosotros tenemos que dar una ficha para llamar, parecido a un metegol de baquelita). Es la mujer quien usa el teléfono.
El flaco me empieza a jorobar, pienso, ingenuamente, que es para "romper el hielo". "¿Todo bien?", me dice. "Sí, todo bien", le digo, porque no tira no responderle para que después se hable de "Batata, el kiosquero asqueroso como cucharada de aceite de castor". Más que nada por las ventas, lo que opine la gente me importa tanto como "Bailando por un sueño".
Es en ese momento que me doy cuenta de algo que no observé antes: este tipo, pongámosle de nombre "Ranunculito", tiene los ojos más rojos que yo cuando juego 3 horas seguidas al Age of Empires II. Después me voy a dar cuenta que la que viene con él estaba casi con la misma apertura ocular. Inclusive se huele, a lo lejos, un aroma herbazal que me recuerda a los perfumes del ciber del chino, que no eran, precisamente, sahumerios. No sé por qué, pero en ese momento me digo internamente: "sonamos, boludo!". Figúrense dos personas con más ojeras que el Tío Lucas, despeinados, dos frutillas por ojos y con un coloquio que rozaba el balbuceo.
La mujer deja de hablar (si eso era hablar) y este Ranunculito me pregunta muy suavemente "¿Tenés 12 pesos, que tengo que viajar?". Como no llevo plata al trabajo, le digo que no tengo y que, obviamente, no puedo sacar plata del negocio, le digo que no. Termino de darle mi respuesta a su pregunta y Ranunculito hace uso de todos sus talentos de orador, dándome una oración que tardó 8 segundos en decir y yo el triple de tiempo en decodificar mentalmente. Les escribo, textualmente, lo que me dijo o quiso decir:

"blo to ejak tme tgo vivo a 3 curdas y q te meo un jao pa vos. soc un frro y no qro tene problema"



O sea, vive a tres cuadras y que si no le doy los 12 pesos, viene con un arma y me raja 4 tiros en el quinto forro de las pelotas. En ese momento me pasan 3 cosas simultáneamente. Se me van las ganas de ir al baño a mear y me vienen las de hacer lo segundo; pienso si mi vida vale 12 pesos. Terminé dándole los 12 P porque mi cagaso le ganó a la curiosidad de pensar "¿Tendrá o no tendrá pistolita de agua en la casa?". Incluso, el gracioso me dice "todo bien, no te calentés" y me da la man como si fuera un tipo muy buena onda. Si no le doy la mano, bien podría terminar 3 metros bajo tierra, así que le doy la mano, no se la estrecho. Agarro un "Philip Morris" que tenía a mano en el escritorio y lo tiré al carajo, como si ese paquete fuera directo a la cara de este pelotudo que me acababa de robar con el chamuyo.


Una cagada, no puedo decir mucho más, por fortuna soy de los que la liga muy barata. Obviamente, tengo menos calle que Venecia y mi salidas con amigos alcanzan la suma de 6, en lo que va del año. Las oportunidades de que te roben bajan considerablemente si te quedás en tu casa y viciás, escribís, viciás y nada más. Debo decir que nunca me sentí tan vivo como cuando el proyecto de mujer se alejaba con su, presumo, media naranja. Lo genial de todo esto es que si lo llegan a mandar en cana a Ranunculito por robar, la niña esta seguramente lo saca en cuestión de horas, listo para volver a las calles a asediar viciosos como yo. Por lo tanto ¿Cuánto vale reclamar, si al final todo pasa y vuelve a pasar?





Carajos...

1 comentario:

  1. Lo mas triste sea provablemente que la fianza va a salir de la caja del kiosko,porque dudo que la muchacha tengo un mejor lugar donde buscar xD

    Te re loveo, sabias? ♥

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