Sube por la faringe y se esparce como espuma en el agua, como agua en la esponja. El dolor constituye la mejor arma física y sicológica del mundo, nadie puede eludir el dolor, mucho menos cuando se viste de gala para la ocasión.
Deja vacío todo afán de superación, carcome el autoestima, provoca la inestabilidad del alma y quiebra todo optimismo posible. Utiliza cada segundo posible sólo para dejarte estupefacto ante la inherente sensación de que no estás bien. Y no deja de existir jamás, transformándose en odio y materializándose en violencia.
Estruja la caja torácica hasta casi exprimir y expulsar las vísceras; hace que el buen humor se esconda y la palabra hablada muera; exhorta a las lágrimas a brotar; convierte a los soñadores de colores brillantes en daltónicos. Y todo esto ocurre en minutos y, aún, segundos. El dolor es una sensación temiblemente posible, factible y naturalmente recurrente.
Todo dolor tiene estas fases, el dolor de la ida, el dolor de la separación, en dolor de la pérdida, el dolor de la espera cuasi eterna, el dolor de lo profundo, el dolor de muelas. Todo dolor las tiene.
Y al final voy caminando a recibir más dolor, para merecer así el cielo que me debiera tocar en la Tierra y que por alguna razón puedo tan sólo soñar con él.
miércoles, 13 de enero de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario