lunes, 22 de febrero de 2010

Fuera.

¡Fuera de mi mente!
Qué inoportuna serás, que caés de imprevisto en el suelo de plomo en el que me sostengo y lográs el desequilibrio de las partes.
Pareciera que tenés entre tus manos un plan maligno cuyo único objetivo es dejarme prendado a lo que venís a ser vos, con tu piel, tus palabras, tus ropas y el remanente de tu existencia.

¿Cómo podría soportar semejante sadismo involuntario?
No ha sido algo grato el ser la víctima de tus accidentes efusivos líricos.
No ha sido saludable doblegar el alma para dejar de lado las cavilaciones relacionadas a vos.

Es un suplicio vivir con un ente no abstracto y lontano en la mente, estoy harto de los terremotos mentales, de los colapsos por tu presencia ausente, de las maromas que causa en mí tu desconocida habilidad para enjaularme entre varias horribles mariposas de colores chillones.

No es moral la pasión tapada que emerge de estas palabras.
Y tampoco es moral la vida que he de vivir, la cual apela constantemente a la tuya y casi actúa en consecuencia.

Y con la ayuda del tiempo, todo pasará y ya no he de sufrir por tus constantes afectos pixelados, los cuales son agujas aterciopeladas que perforan cada centímetro de mi piel de dragón añejo, sin fuego.
Con el tiempo como escudo de mi orgullo, te he de decir "adiós" y te he de ver partir al compás de un ritmo de júbilo, serás recuerdo, serás tabú de mi inconsciente, serás apenas un simple nombre y ya no un estallido de locura platónica.

No hay comentarios:

Publicar un comentario