Los ojos más atrapantes, la piel más atiborrada de recuerdos en los que no estoy embebido y no lo estaré, con un poco de desgracia de mi lado;
La almohada que horada mi cerebro con pensamientos oníricos sobre la musa, con la complicidad de las sábanas, dilapidando, tirando por la borda toda tentativa de perder la memoria, por mucho que ella no la integre concretamente;
No hay tregua entre el tiempo y la ausencia de la musa en mis dominios tridimensionales, no hay perdón que valga no estar, al menos, entre sus prolegómenos o su epílogo, como consuelo vacío. Le guardo rencor al Universo, que se esfuerza para mantenerme en la categoría magra y estigmatizada de "perdedor de la vida";
jueves, 4 de febrero de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario